Sangre de amor correspondido
En compañía de lobos
El porvenir de la revuelta

Una vez más, Mariano Stolkiner se sumerge en lo más turbio del teatro inglés de los últimos años. Después de dirigir las versiones locales de Cleansed y Amor de Fedra de Sarah Kane, esta vez optó por trabajar sobre la obra de uno de sus más estrictos contemporáneos, Shopping & Fucking de Mark Ravenhill. Las tres puestas se pueden pensar como un tríptico que revela la búsqueda y la sensibilidad de Stolkiner, propensa a las emociones más descarnadas y a la realidad más violenta.
Se sabe que Mark Ravenhill y Sarah Kane fueron contemporáneos. Ambos estrenaron en 1996 las dos obras que hicieron estallar el teatro británico; Ravenhill con Shopping & Fucking y Kane con Blasted (estrenada en Buenos Aires bajo la dirección de Leonor Manso como Aniquilados). Sin embargo, la contemporaneidad que los une trasciende su coincidencia espacio-temporal y debe ser entendida en los términos en que Roland Barthes hace uso del término “contemporáneo”: lo que comparten es una sensibilidad. Los personajes (y los escenarios) que presentan son posteriores a la revuelta y al desastre (no por nada en Blasted no paran de explotar las bombas), son el producto más bruto de la (pos) modernidad.
Shopping & Fucking trata sobre la red de relaciones que se establece entre una pareja de jóvenes, compuesta por Roby (Luciano Ricio) y Lulu (Eugenia Blanc), el hombre que los adopta, Mark (Daniel Toppino), el chico más joven del que éste se enamora, Gary (Lucas Lagré) y un extraño hombre que los observa de cerca y hace las veces de deus ex machina, Brian (Alfredo Urquiza). Ya desde el principio, al momento en que Roby y Lulu le piden a Mark que les cuente el cuento de cómo se encontraron, queda revelado que lo que caracteriza a estos personajes es la orfandad. Aparentemente, Mark simplemente los encuentra en un supermercado y se los compra a otro hombre que cumplió antes con su mismo rol. Todas las relaciones están vaciadas y funcionan solamente como medio de cambio. Es así como Lulu tiene que ofrecer su cuerpo a Brian a cambio de trabajo, al igual que Gary, que lo ofrece a cambio del príncipe azul que siempre está por venir a rescatarlo. El único que quiebra esta economía de intercambio es Roby cuando deviene dealer y rompe todas y cada una de las reglas básicas para llevar a cabo esa labor. Sin embargo, el problema no es sólo la orfandad de los personajes, sino que depositan todas sus esperanzas en Mark, que es probablemente el más desgraciado de todos. Todos necesitan algo más que los sustraiga de las tinieblas, aguardan por un salvador (en la forma de padre/amante/novio/tutor, etc.), pero el Godot que esperan es un drogadicto y sexópata en rehabilitación que no puede ayudarse ni a sí mismo.
La puesta de Mariano Stolkiner es fiel al espíritu de la obra, consiguiendo una adaptación que expone la crudeza de los personajes y de la trama. Cabe destacar el trabajo de Santiago Badillo en el diseño de la escenografía, compuesta principalmente por piezas de un plástico que refleja las relaciones que presenta la pieza, como también el de Fernando Sayago en la composición de la música, que da una tercera dimensión a una obra sobre lo superficial. Por ultimo, el trabajo de los actores es impecable y resulta interesante ver el intercambio que se produce entre dos generaciones distintas: por un lado, Daniel Toppino y Alfredo Urquiza, con largas trayectorias en sus haberes y, por el otro, Lucas Lagré, Luciano Ricio y Eugenia Blanc, integrantes de la joven guardia del teatro porteño independiente.
Ficha técnico artística
Autoría: Mark Ravenhill
Traducción: Rafael Spregelburd
Actúan: Eugenia Blanc, Lucas Lagré, Luciano Ricio, Daniel Toppino, Alfredo Urquiza
Actuación en video: Mathias Sassone, Mariano Stolkiner
Diseño de vestuario: Merlina Molina Castaño
Diseño de escenografía: Santiago Badillo
Diseño de espacio: Santiago Badillo
Diseño de luces: Julio López
Diseño sonoro: Fernando Sayago
Video: Santiago Badillo, Mariano Stolkiner
Música original: Fernando Sayago
Fotografía: Guido Piotrkowski
Diseño gráfico: Santiago Badillo
Asistencia de dirección: Julieta Cajg, Mathias Sassone
Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
Producción ejecutiva: Bárbara Rapoport
Dirección: Mariano Stolkiner
EL EXTRANJERO
Valentín Gómez 3378
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Reservas: 48627400
Web: http://www.elextranjeroteatro.com
Entrada: $ 60,00 / $ 40,00 - Viernes - 21:00 hs - Del 20/04/2012 al 29/06/2012
Donde viven los monstruos

Cachafaz de Copi. Dirigida por Tatiana Santana.
Por fortuna, poco a poco Copi va dejando de ser objeto fetiche de culto para obtener el reconocimiento masivo que necesita y merece. Un primer paso ya lo dio Stephan Druet en 2009 al estrenar Una visita inoportuna en el Konex con Moria Casán a la cabeza del elenco. Ahora le toca el turno a Tatiana Santana con su Cachafaz en el Teatro del Sur.
La obra fue dejada sin publicar por Copi antes de morir y se estrenó por primera vez en París en 1993. Sin embargo, es una pieza clave dentro de su obra (como lo es cada uno de sus cuentos, novelas, cómics, etc.), en tanto establece un diálogo directo con la Argentina que le es contemporánea. Copi escribió Cachafaz nada más y nada menos que en 1981, año en el que, como bien señala Daniel Link, se instala el debate en torno a qué forma estatal y qué lengua le conviene a la nación. Esto es así porque la obra es en realidad un poema escrito en la tradición gauchesca y, como lo exige ese género, hace enfrentar a través de la lengua el orden del estado con el orden de los insurrectos.
Cachafaz (Emilio Bardi) es un delincuente que vive en unión pecaminosa con la Raulito (Claudio Pazos), la loca del conventillo. El contrapunto entre los dos personajes instala un primer debate en torno a la estabilidad de los géneros. En un principio, el híper machismo de Cachafaz contrasta fuertemente con las maneras de la Raulito. Sin embargo, es esta última la que se tiene que poner los pantalones más de una vez para salir a defender lo que es suyo, ante la ley y ante la chusma, mientras que su amante apolilla cómodamente. Por otro lado, la feminidad de la Raulito lo convierte en mujer, al menos a los ojos de Cachafaz, quien se refiere a las otras como “mujeres sin pito”. Juntos deben enfrentarse solos contra todos, en tanto la abyección de su amorío llega a su punto más alto al momento en que matan al milico (Marcelo Lirio) que los viene persiguiendo. Así, la obra se transforma una vez más y adopta un carácter trágico, donde los dos deben afrontar la cólera de los dioses para permanecer unidos.
La puesta de Tatiana Santana es efectiva y captura acertadamente el tono y la lengua de la gauchesca y de Copi. La orquesta de músicos en vivo establece el tono de la obra desde entrada y las actuaciones son impecables, especialmente en el caso de Claudio Pazos en el papel de la Raulito.
Ficha técnico artística
Actúan: Emilio Bardi, Claudio Pazos Músicos: Joel Maiante, Pablo Martínez, Eugenio Nicolás Sanchez Coros: Rosario Albornoz, Andres Granier, Catalina Lescano, Marcelo Lirio, Patricia Martínez, Pilar Rodriguez Rey
Prensa: Walter Duche, Alejandro Zarate
TEATRO DEL SUR Venezuela 2255
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4941-1951
Web: http://www.teatrodelsur.blogspot.com/
Entrada: $ 70,00 / $ 40,00 - Sábado - 22:00 hs - Desde el 31/03/2012
En éxtasis
(Mundo Nuevo Gallery Art).

Es que no está puesto de una manera religiosa. “Epifanía” en realidad tampoco tenía que ver con la epifanía de los reyes magos, sino que busqué en el diccionario lo que quería decir epifanía y, en realidad, la traducción, la que viene del griego es “poner a la luz”, “iluminar”. Todo lo que tiene que ver con lo luminoso y lo que uno pone para que se vea. Entonces ahí como que me cuajaba perfectamente. “Estado de gracia” también, no está referido a lo religioso, sino a un estado de mucha felicidad casi rozando con lo sagrado, que no es lo mismo que lo religioso.
-Sin embargo, lo religioso y lo sagrado aparece mucho…
Sí, en esa serie de las cajitas, que es una serie, como digo yo, religiosa, místico-humorística.
-Lo animal es recurrente en su obra, pero nunca aparece puro, sino vinculado a lo extraño, como deformado o cerca de lo humano.
Más que deformado, humanizado.
-¿Por qué?
Porque me interesa toda esa relación entre lo humano y lo animal. Entre lo animal que tiene la gente, las personas, y lo humano que tienen los animales.
-¿Por qué los pájaros? Aparecen mucho, también en su muestra anterior, “Pájaros en la cabeza”.
De siempre, no tengo una explicación de eso. Desde que empecé a dibujar que trabajo con el tema de los pájaros. Me acuerdo que hice una exposición en La Plata hace muchísimos años que se llamaba “Intentos de vuelo”. O sea que siempre es una temática que tuvo que ver conmigo y que me interesó hacer. Uno no sabe tampoco, no tiene una explicación racional de por qué pinta determinadas cosas.
-Pero es un tema que le interesa.
Es recurrente.
-¿Cómo es el proceso creativo de Renata Schussheim? ¿Las imágenes son como epifanías y se le revelan enteras y de una vez? ¿Cuánto tiempo tarda en pintar un cuadro?
No, no hay una fórmula. No hay una cláusula porque a veces empiezo un dibujo, lo dejo, agarro otro. A veces hago dos al mismo tiempo. A veces lo dejo dos años y lo vuelvo a agarrar. O sea que no, no hay fórmula.
-¿Cuánto tiempo le lleva pintar un cuadro? ¿Le pasa que pinta uno de corrido en una noche o generalmente es más un trabajo de hacer un día una parte…?
Sí, es así. Es más fraccionado.
-¿Trabaja con varios a la vez?
Por ahí trabajo con varios a la vez. El trabajo con el lápiz es muy minucioso, después viene al final de todo pintar los fondos. En general me lleva días.
-¿Y estos que son de Jean Francois Casanovas, Totó y los custodios de la entrada son sobre fotos?
Sí, ese es un trabajo que es pintura acrílica sobre foto. Es la primera vez que lo hago y me costó mucho hacerlo.
-La mayoría de los cuadros de esta muestra son del 2011. ¿Estuvo encerrada trabajando?
No, encerrada no estuve. Trabajé bastante más, sí. Digamos, me protegí de lo exterior y me quedé trabajando bastante, pero encerrada no y excluyendo otras cosas tampoco, porque trabajé mucho en teatro también.
-¿Cuándo era tan joven vio que iba a llegar tan lejos o se imaginaba de otra manera? ¿Cómo se proyectaba?
Yo cuando era muy, muy chiquita quería ser como Picasso. Después me bajó un poco el penacho y dije “bueno, Miró…”, más abajo. Y después no me importó ser como nadie. Después realmente dije “lo que yo quiero hacer es lo que me gusta y disfrutarlo” y no me propuse tener una meta social o de ubicación en lo social.
-¿Qué Picasso le gustaba?
Cuando yo era chiquita dibujaba cosas raras y firmaba “Picasso”. Te estoy hablando de cuando tenía seis años. O sea, quería ser un pintor, digamos.
-¿Y qué pintores le gustaban mucho cuando se estaba formando? ¿Pensaba “me gustaría ser como tal…”?
Me gustaba mucho El Bosco, que me influenció mucho. Mucho Magritte, también. Matisse me gustaba muchísimo.
-¿Y argentinos?
Argentinos me gustaba mucho Alonso, que fue mi maestro y que me influenció mucho. Macció, Eguía, Inés Vega, María Orensanz, mucha gente que me gusta.
Renata Sschussheim
Estado de gracia
Del 31 de octubre al 30 de diciembre de 2011
Mundo Nuevo Gallery Art
Callao 1870 planta baja
www.fundacionmundonuevo.org.ar
Hécuba o el gineceo canino

En Hécuba o el gineceo canino, Emilio García Wehbi se para una vez más sobre un texto clásico (así como ya lo hizo con "El matadero" de Esteban Echeverría o Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll) para desbordarlo hasta el desquicio y volver a llenarlo de otra manera totalmente distinta.
En este caso se parte de Hécuba, de Eurípides, obra de la que apenas quedan rastros que permiten identificarla como tal. Los personajes quedan reducidos a dos, Hécuba (Maricel Alvarez) y el Coro (Horacio Marassi), a los que se suma un narrador en off (el mismo Emilio García Wehbi) y un poeta (Nicolás Prividera) que sube a escena a recitar un poema llamado “Bufido” que apela a la historia reciente (“El menemismo es como la polio; al que no lo mató, lo dejó paralizado” dice en un momento).
Como es usual en el trabajo de Wehbi, el objetivo de Hécuba o el gineceo canino es transgredir. Primero, el texto de Eurípides y, a través de él, toda la mitología griega, en la medida en que le da el poder al personaje de Hécuba de matar a sus propios hijos, anticipándose a su asesinato, y llevar a cabo una venganza ante quienes hubieran sido sus asesinos, cosa que no ocurre en ningún texto clásico. En segundo lugar, transgrede la distancia que hay entre la obra y el público, buscando provocarlo continuamente. Esto puede verse en la labor del Coro, que lleva a cabo acciones plásticamente impactantes, como por ejemplo embadurnarse de sangre y cubrirse de plumas. Hay una desacralización de la actitud del personaje del Coro, el cual se pinta como un payaso algo terrorífico mientras toma una cerveza Quilmes con una pizza Ugi´s. Este personaje se muestra lúdico y grotesco, burlándose de las voces ajenas y lo que ocurre en la tragedia. En contraposición a su distendimiento está la tensión del cuerpo de Hécuba. Sus monólogos la llevan siempre al límite de sus fuerzas físicas y mentales, de manera tal que empuja al borde también al público, volviendo intenso cada uno de sus gestos y palabras.
La puesta es mínima y no representa un espacio en el que transcurre la acción, sino que más bien ayuda a crear el ambiente inquietante de la obra. En la pared del fondo se proyectan imágenes o pequeñas secuencias de filmes. Los personajes tienen un vestuario sencillo: Hécuba en jean y remera blancos y el Coro en calzoncillos, pero ambos se van poniendo remeras con inscripciones tales como “Chronos” o “Lick my legs”. La obra es intensa, apela a diferentes sentidos a través de multimedia (desde películas en blanco y negro, hasta fotografías de niños llorando) y música (suena una versión de “King of Dogs” de Iggy Pop) que acompañan las palabras estremecedoras de Hécuba.
Ficha técnico artística
Autoría: Emilio García Wehbi
Sobre textos de: Eurípides
Actúan: Maricel Alvarez, Emilio García Wehbi, Horacio Marassi, Nicolas Prividera
Diseño de escenografía: Julieta Potenze
Diseño sonoro: Marcelo Martinez
Video: Santiago Brunatti
Música: Marcelo Martinez
Fotografía: Sebastián Arpesella
Diseño gráfico: Leandro Ibarra
Diseño de imagen: Santiago Brunatti
Asistencia de dirección: Julieta Potenze
Producción ejecutiva: Julieta Potenze
Productor asociado: Roberto Malkassian
Coreografía: Marina Sarmiento
Dirección: Emilio García Wehbi
Brick

La falta de trabajo, de control y de compañía hace que sus vínculos se tornen cada vez más confusos. Allí están los tres solos ya que su superior, como una suerte de Godot al que en verdad tampoco esperan, nunca aparece. De colegas pasan a ser compañeros, amigos, y algo más. Si bien el edificio nunca se construye, en cambio si se percibe la construcción de los vínculos. Y luego, en algún punto, su destrucción. Porque el tiempo lo destruye todo y ellos terminan tal como empezaron. Si un edificio es la suma de ladrillos apilados, uno tras otro, esto se vuelve imposible en la obra. No hay constancia, acumulación, ni tiempo lineal. Como una pared mal diagramada, todo se resquebraja en la obra.
Lo que queda siempre son los materiales y su potencialidad infinita. Así como la construcción queda siempre indefinida, sin avanzar, el tiempo también se estanca. Los días de Brick son como ladrillos que se apilan sin ningún sentido ni orden, trazando la arquitectura del caos.
Ficha técnico-artística
Dramatugia y Dirección: Camila Fabbri
Elenco: Mario Sala, Bruno Campos y Julián Infantino
Sábados 23hs.
Sala Granate – Álvarez Thomas 1529
Localidades: $35 (Estudiantes y jubilados $25)
Reservas: 4551-8068
http://www.espaciogranate.blogspot.com
Querido diario
El diario de Carmen, de Luis Cano
¿Hasta dónde un diario personal capta la realidad y hasta dónde la construye? ¿Cuánto hay en él de real y cuánto de subjetivo? ¿Cuál es el límite entre el fiel registro y la escritura del deseo? El diario de Carmen, la última obra dirigida por Luis Cano, propone estos interrogantes e indaga mundos interiores. No por nada el dispositivo escenográfico semeja un living, espacio signado por una amable domesticidad, entre sus luces cálidas, su confortable sillón de dos cuerpos, su empapelado florido y hasta una escudilla con el nombre de un gato llamado "Bianco" grabado en ella.
No es inocente que Carmen (Gaby Ferrero), desde su sillón, mire con disimulo al público cuando éste vaya ingresando a la sala para acomodarse en sus butacas. Lo mira con curiosidad y a la vez con algo de temor, refugiada entre las páginas de un cuaderno que pronto sabremos que es su diario personal. Y si no es inocente es porque hay en la obra, y en su protagonista, un miedo inconfesable al exterior, a algo sombrío y amenazador que no puede ser puesto en palabras. Hubo un accidente en la calle que involucró a un anciano, una ambulancia que se lo llevó y un gesto de espanto en la cara de ese hombre que ella no puede borrar de su memoria. Así, con indicios, con retazos, Carmen va contando su historia, pero los enigmas persisten. Juan, su acompañante (Mauricio Minetti) habla poco, pausadamente. Algo de misterio hay en él, un origen desconocido que él mismo ignora, y aunque pregunta con insistencia sobre su identidad, Carmen se niega a darle demasiada información. ¿Es Juan, acaso, un producto de la imaginación de Carmen? Cano ahorra certezas y construye su obra sobre una poética de lo incierto, desestabilizando al espectador que busca sentidos inmediatos. Algo no se dice, algo se escatima. ¿Qué pasó con Carmen? ¿Por qué no vuelve a salir? En ese afuera persisten, como evocaciones, el recuerdo del accidente, la hostilidad del hombre de la ambulancia que se llevó al anciano, la vecina arisca que parece soltar sus palabras como gruñidos.
La obra propone al espacio interior al modo de un refugio contra el afuera, aquel lugar del que una vez se supo y ya no se quiere saber. El empapelado florido, alegre tapiz de las paredes, encuentra su diseño repetido en el vestido de Carmen, como si hubiera un modo de simbiosis entre la dueña de casa y el espacio que habita, y al mismo tiempo la posibilidad de que todo lo que sucede ante los ojos del espectador sea una proyección de la subjetividad de la protagonista. No hay nada más allá de ese living; tras él está la inmensa negrura que recorta ese pequeño ámbito doméstico. El diario que Carmen escribe marca un perpetuo presente que vuelve a reiterarse incansablemente, que hace de la vida cotidiana un guión, una serie de indicaciones para ser obedecidas, con la tranquilidad de saber que siempre se las puede repetir, pero con la ligera incertidumbre de que tal vez la realidad no pase por allí, sino que acaso esté en alguna otra parte.
Ficha técnico artística
Autoría: Luis Cano
Dramaturgia: Luis Cano
Actúan: Gaby Ferrero, Mauricio Minetti
Vestuario: Lorena Ballestrero, Laura Rovito
Iluminación: Mariano Arrigoni
Diseño de espacio: Luis Cano
Realización escenográfica: Guillermo Manente, Vìctor Salvatore
Utilero: Lorena Ballestrero, Laura Rovito
Ilustrador: Laura Rovito
Asistencia de escenario: Diego Becker
Asistencia general: Micaela Picarelli
Coreografía: Luciana Acuña
Dirección vocal: Tian Brass
Dirección: Luis Cano
Duración: 60 minutos
Casa tomada

Seca de Lucas Lagré
El uso de una pareja compuesta por un personaje femenino (Julia, interpretada por Verónica Intile) y otro masculino (Javier, interpretado por Matías Marmorato), en el contexto del desastre generalizado, retoma el concepto del arca de Noé e instala la pregunta: ¿Cómo y para qué reproducirse? El problema en realidad está en que Javier insiste en permanecer por fuera de la sexualidad, borrando las marcas de género (y generando así una variación del lenguaje) y reprimiendo su deseo. Julia, al contrario, está desbordada por su deseo, algo que se puede ver no sólo en su agresividad sexual, sino también en su trastorno alimenticio.
A puerta cerrada, la otra pregunta que instala Seca es ¿cómo vivir juntos? Y la vuelta de tuerca la viene a dar Gustavo (Sergio Ballerini), el tercer personaje en discordia, que llega para quebrar el inestable orden que había ya entre Julia y Javier. Ambos dos tienen cada uno su objetivo para con él y viceversa. Juntos, descubren distintas formas de vivir el hambre, la desesperación y la pobreza.
La puesta es austera y tiene que ver con el conflicto en cuestión. Dentro de la casa lo único que quedó es alcohol, un juego de cartas, dos camas y una biblioteca, signo de clase por excelencia, aunque luego sea utilizada con otros fines prácticos. La iluminación es absolutamente climática y tiene un uso productivo para generar los momentos de reflexión y psicosis de los tres personajes.
La próxima función de Seca es el Domingo 13 de noviembre a las 20:30 hs en el marco del Festival de Teatro Emergente que se hace en el nuevo Abasto Social Club (Yatay 666). Las reservas pueden hacerse en abastosocialclub@fibertel.com.ar
Ficha técnico artística
Dramaturgia: Lucas Lagré
Actúan: Sergio Ballerini, Verónica Intile, Matías Marmorato
Voz en Off: Marcelo Acquaticci, Ariadna Asturzzi, Sebastián Duarte, Tulio Gómez de Álzaga, Marisa Pájaro, Marienn Perseo
Vestuario: Eneas Escalante
Escenografía: Eneas Escalante
Diseño de espacio: Eneas Escalante
Diseño de luces: Gaston Calvi
Diseño sonoro: Pilar Gallardo, Gastón Isola, Ezequiel Montenegro
Fotografía: Alejandro Ojeda
Diseño gráfico: Alejandro Ojeda
Asistencia de dirección: Sebastián Duarte
Producción ejecutiva: Cynthia García Calvo
Dirección: Lucas Lagré
También la luz es un abismo
Dirigida por Hernán Morán y María Urtubey.

El punto de partida de la obra es la llegada del matrimonio conformado por Berta, prima de Alicia, y Mazzini al monte donde Jordán mantiene recluida a su mujer enferma, junto a su hermano menor y a los criados. La llegada de los forasteros provenientes de la ciudad instala la dicotomía que dicta los conflictos de la obra. El campo es el escenario del calor, de la enfermedad, la superstición, el salvajismo y la perversión, mientras que la ciudad (ya demasiado lejos del horizonte de los habitantes de la casa en la que transcurre la obra) es el espacio del confort, la salud, la ciencia, los buenos modales y la ética. Este fenómeno está reforzado por la instancia temporal en que se instala la obra, que es en la línea borrosa que divide el siglo XIX del XX, donde la modernidad y la vida casi colonial todavía conviven. Esto puede pensarse a partir de un personaje como el del hermano menor de Jordán, cuya forma de vida (la del escritor) tambalea entre la profesionalización y la bohemia.
Al mismo tiempo, el calor de Diciembre no permite la posibilidad de una resolución. Por el contrario, sustentado por la cruda desolación del paisaje, resulta tan opresivo que arrastra a todos a los delirios y al terror de la fiebre. Todo el tiempo, esos estados afiebrados se confunden con la muerte, en tanto el cuerpo se vuelve, cada vez más, cadáver.
Como en los cuentos de Quiroga, los personajes emergen del territorio, pero lo modifican, ambos se determinan mutuamente. Hay una experiencia límite del ambiente en el desterrado, que lo lleva a vivir una vida intensa -definida en el límite por el peligro de muerte- que es el producto del encuentro entre ambos. La zona de frontera no sólo una frontera entre dos países, sino una frontera entre dos mundos. Es una zona que definitivamente no es urbana, pero contiene elementos que provienen de la ciudad. En esta obra, junto con los nativos, están estos personajes que provienen de un escenario urbano.
En contraste, el escenario donde les toca vivir en la selva es rústico. Por ello la escenografía, si bien sencilla, es muy significativa. Se trata de una tarima construida con maderas que se desplaza de escena en escena, o incluso en la mitad de una. El resto del espacio está vacío, o poblado apenas por un banco y una escalera con ramas que hace de árbol. La tarima, entonces, ocupa un pequeño porcentaje de la escenografía y permite ver a través suyo y hacia los costados, según donde se la ubique. También, al rotar, deja que lo que sucede arriba sea percibido desde distintos ángulos. Esta estructura enfatiza la precariedad y falta de intimidad en el ambiente de la selva, así como evidencia el artificio de la puesta teatral, que carece de intentos realistas.
Otro de los elementos que modifica la percepción de los sucesos dentro de cada escena es la musicalización, a cargo de Juan Bisso, quien toca el violín en vivo. La música aparece como leit motiv en los momentos de locura de una de las protagonistas femeninas. Estos episodios son acompañados también por un cambio de iluminación que, al acentuar las sombras y generar focos de luz, crea un efecto dramático.
Acá se ve también cómo el pasado sigue rigiendo a los personajes, que nunca consiguen dejarlo atrás del todo. Pero la región, tal como está planteada es un lugar de fracaso de la cual no hay salida o sí, pero es la muerte. Porque cuando la geografía se les impone, los conduce hacia ese último límite, definitivo.
En Los insolados, Hernán Morán vuelve sobre algunos de los temas que guían su poética; por ejemplo la recurrencia a espacios no-urbanos, alejados de la velocidad del presente e instalados en la lejanía del interior, o también la insistencia sobre personajes privados de algún sentido, dos elementos que pudieron verse también su obra anterior, Urdinarrain.
Ficha técnico artística
Autoría: Hernán Morán
Sobre textos de: Horacio Quiroga
Actuan: Marcela Arza, María Lía Bagnoli, Lola Borgia, Nacho Ciatti, Rodrigo Guzay, Marcelo Martin, Andrés Passeri, Adriana Pregliasco, Sebastián Suñe, Juan Manuel Zuluaga
Sombras: Gabriel Von Fernández
Diseño de vestuario: Gustavo Alderete, Natalia Gonzalez
Diseño de escenografía: Sebastián Roses, Mariano Sivak
Diseño de luces: Fernando Chacoma
Realización de escenografia: Sebastián Roses, Mariano Sivak
Música original: Juan Bisso
Fotografía: Federico Feliziani
Diseño gráfico: Leandro Ibarra
Entrenamiento corporal: Alfonso Barón
Asistencia de vestuario: Maia Lia Kolisnyk, Rodrigo Lico Lorente, Julieta Strehar
Asistencia de dirección: Nicolás Capeluto
Supervisión dramatúrgica: Ariel Barchilón
Puesta en escena: Hernán Morán, Maria Urtubey
Dirección: Hernán Morán, Maria Urtubey
Web: http://losinsolados.blogspot.com/
BECKETT TEATRO
Guardia Vieja 3556
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Reservas: 48675185
Web: http://teatrobeckett.com/
Entrada: $ 40,00 y $ 30,00 - Sábado - 20:00 hs - Hasta el 19/11/2011
Los Tururú
Los tururú es una obra adaptada de la novela de Fogwill, Los pichiciegos, escrita –según cuenta la leyenda- casi al unísono de la guerra de Malvinas. Con una puesta en escena minimalista y efectos sonoros bien ajustados a la situación en la que nos sumerje la obra, Los tururú es una impecable apuesta del director Diego Quiróz. En ella nos encontramos cara a cara con el lado oscuro de una guerra que –injustamente- lucharon un grupo de soldados que no estaban preparados táctica ni emocionalmente para enfrentarse a un enemigo tan poderoso como Inglaterra.
Los cinco personajes de la obra –Braganini, el “Polaco”, el “Duende”, “Lamparita” y el “Pollo”- nos muestran lo devastador y el sin sentido de una guerra vacía y estúpida por donde se la mire. Son desertores, porque la única posibilidad de salvarse de la muerte, en principio, pareciera ser estar al margen de la guerra.
Los tururú aborda el tema de la supervivencia en un medio inhóspito, de querer seguir vivo cuando todo alrededor no ofrece alternativas. Ahí, en medio del ruido de las bombas que caen, estos personajes hablan de sus historias, de los proyectos que tienen para el futuro que ellos mismos sueñan con sus familias. Ahí, mientras se debaten entre la vida y la muerte, se abre el universo de estos personajes en la obra, tan trágica y humana que nos deja sin aliento, al tiempo que pensamos en la miserable condición de los jóvenes que lucharon por nosotros y ahora son solo fantasmas en nuestra historia.
Ficha técnico artística
Autor: Diego Quiróz.
Actores: Nicolás Meradi, Dario Dukah, Emiliano Ramos, Patricio Schwartz, Marcelo Sein y Jorge Torres.
Escenografía: Luciana Riera.
Iluminación: Nicolás Meradi y Diego Quiróz.
Diseño sonoro: Nicolás Meradi y Diego Quiróz.
Fotografía: Daniel Castellanos Mora.
Asistencia general: Gabriela Kletzel.
Asistencia técnica: Matías Baserga.
Asistencia de dirección: Julieta Zucchini.
Dirección: Diego Quiróz.
Domingos (dos últimas funciones en Agosto) 19:30hs.
Espacio cultural Urbano: Acevedo 460.
Institucional de arte
Así definieron los chicos de El Pamero Cine a lo que se proyectó hace apenas unas horas en la Alianza Francesa. Tres fábulas de Villa Ocampo se llama esta suerte de ficción documental, cuya sinopsis cuenta: “Un fugitivo, un fetichista y un detective recorren una mansión construida en el siglo XIX, a orillas del Río de la Plata. Entre sus muros, hay resonancias, retratos de personas ilustres o desconocidas, libros, recuerdos, muebles de diversas épocas y estilos. En el centro de ese orden secreto hay una mujer que ha sido retratada...”. En la pantalla sólo se muestran imágenes de la casa en San Isidro y los objetos que están allí actualmente. La historia es sostenida por una voz en off, sello distintivo de los trabajos dirigidos por Llinás.
Como en Historias Extraordinarias, esta voz es el personaje más interesante de Tres fábulas de Villa Ocampo. En un segundo plano, Victoria Ocampo, examinada con cierta mirada borgeana irónica y perspicaz. A modo de hilo conductor, se narran tres miradas posibles de la casa a través de tres personajes hipotéticos. En vez del clásico “Había una vez...”, los relatos están precedidos por “Llega un hombre a una casa...”. También como las películas personales del director, ésta tiene varios planos fijos filmados con teleobjetivo. Las imágenes, pese al intento de superposición de objetos y miradas extraídas de los cuadros y fotografías de la casa, son un embole. “Digamos la verdad, lo que sostiene el documental son los textos y la edición”, admitió Llinás. Y se nota que la mansión Ocampo no conquistó ni un centésimo de la fascinación de aquel viejo hotel que compone el primer capítulo de Balnearios.
El viento fresco del pampero trae varios aciertos. Mucho tiempo atrás, casi ocho años, conocí a Nicolás Helft*, director ejecutivo de Villa Ocampo, en una entrevista, luego de la cual me convertí en guía. Iba todos los fines de semana a hacer el recorrido a las señoras paquetas de la vecindad. Y no lo digo de mala onda, sino por experiencia. La casa es enorme. En ese momento todavía sufría los vestigios de un incendio y el piso de arriba estaba cerrado. También lo estaba, y creo que así continúa, la mansarda. Ese era el lugar en el que, con el guarda de seguridad de turno y otros de los empleados íbamos a emborracharnos los días de lluvia, en los que no había visitas. Era un descanso en todo sentido. Sobre todo para la memoria, porque la casa está repleta de nombres, de libros y de obras que había que mencionar en el recorrido. Todo ahí era tan grande y tan frío que sólo las pequeñas profanaciones le daban calor humano. La casa ya no era tal cosa, no era habitable ni simpática, era un museo. El “Institucional de arte”, como lo llamaron, reproduce el gesto. En apenas treintaycinco minutos nombra enciclopédicamente a al menos cincuenta artistas. Habla de los hallazgos y también algunos errores. “Se equivocó con Tagore ¿ahora quién mierda lo conoce?”, dijo Llinás.
Pese al intento de Alan Pauls, moderador del debate posterior, por rescatar algo del proyecto, lo único que halagaron fueron las cenas de Nicolás Helft. “Nosotros hacemos películas que no nos dan plata, y después hacemos trabajos que nos dan de comer. Mejor que sea un institucional de Victoria que de una fábrica de caños”, dijo Agustín Mendilaharzu, pero los caños siguieron. “Es un trabajo y un tema que probablemente no hubiésemos hecho si no nos hubieran convocado”, agregó Mariano Llinás. Al final, dos señoras mayores dijeron algo así como que, pese a las risas de sus creadores, el documental reflejaba la belleza de la casa y su espíritu. A lo que Llinás respondió: “Gracias, pero igual debo decirles que me acosté de muy mal humor el domingo”.
*“El factor Borges, un libro estupendo, como Wasabi, pero que desde el inicio plantea una serie de problemas borgeanos: el libro está firmado por Alan Pauls y Nicolás Helft, sin embargo en los créditos se aclara que el texto es de Alan Pauls y que las imágenes reproducidas con generosidad pertenecen a los Archivos de la Fundación San Telmo. Entonces, ¿por qué el libro aparece firmado por Nicolás Helft? ¿Y quién es Nicolás Helft? Según Fresán, Nicolás Helft es el propietario de algunas de las ilustraciones o de los facsímiles que aparecen en el libro. Yo no lo creo. Tampoco creo que sea un heterónimo creado por el señor Pauls, poco dado a excesos portugueses sino más bien la sombra de una sombra, la sombra de un conde polaco, por ejemplo, o la sombra de cierta descorazonadora lucidez”. En la nota “Ese extraño señor Alan Pauls” de Roberto Bolaño publicada en el suplemento Radar.
Las islas
todo hombre es un fragmento del continente,
una parte de un conjunto”. John Donne
A partir de ese momento comienza la historia de Las islas. Felipe Félix, el protagonista de Las islas, se recupera de la amnesia que borró su experiencia en Malvinas como el borrador a la tiza del pizarrón, al mismo tiempo que es contratado por Fausto Tamerlán para encontrar a su hijo, perdido desde la guerra. Con una suculenta recompensa en el horizonte, Félix se lanza en busca del tiempo perdido en un viaje que lo devuelve a la trinchera en que se convirtió su memoria.
Los fantasmas, evocados en la cita del Ulises de Joyce incluida en el programa, sólo se desvanecieron para volver con toda la brutalidad del recuerdo. La experiencia en Malvinas aparece como lo siniestro, emerge una y otra vez del suelo del escenario, transfigurada en los fantasmas de tres ex combatientes.
La puesta en escena es absolutamente extraña. Se compone por dos estructuras que asemejan, de manera hiperbólica el estrado donde se iza la bandera, pero que se desarman y muestran la inestabilidad del símbolo patrio. Los espacios circulares, donde iría colocado el mástil, giran cual sambas con los personajes adentro. Si bien se trata de dispositivos que funcionan para representar diferentes espacios, siempre prevalece lo informe por sobre la forma. El lugar, de esta manera, se expande y se contrae, se desdibuja como el recuerdo. Junto con la música en vivo de la banda, se produce un efecto de cine expresionista al estilo Metrópolis, más aún teniendo en cuenta que los hechos transcurren en una Buenos Aires de fantasía, hiper tecnológica en los ´90.
A través de elementos grotescos e hiperbólicos, una historia siniestra se abre paso sobre el escenario. Es la historia de un país marcado por la guerra, la represión y la corrupción. Allí el protagonista lucha por imprimirle su propia historia, humanizar el engranaje maquínico de una ciudad militarizada y tecnologizada. Porque diez años después de la dictadura militar, la ciudad entera permanece en estado de sitio, sólo que el control estatal ha sido reemplazado por el control empresarial. Las tecnologías bélicas empleadas en la guerra, la represión de la dictadura, las desapariciones y las ficciones encubridoras no han acabado sino que han mutado hacia otras formas.
Ficha técnico artística
Autoría: Carlos Gamerro
Actuan: Matias Barki, Nahuel Cano, Lucila Casalis, Analía Couceyro, Alan Darling, Ernesto Donegana, Juan Pablo Galimberti, Alejandro Genes, Ivan Moschner, Pablo Seijo, Denisse Van der Ploeg, Diego Velázquez, Julián Villar, Luis Ziembroski
Cantantes: Sebastián Holz
Músicos: Diego Penelas, Rodrigo Quirós, Cecilia Zabala, Alfredo Zucarelli
Vestuario: Marina De Caro
Escenografía: Sebastián Gordín
Escenotécnia: Duilio Della Pittima
Iluminación: Alejandro Le Roux
Video: Fabio Pallero
Música original: Diego Penelas
Asistencia artística: Mariano Tenconi Blanco
Director musical: Diego Penelas
Dirección: Alejandro Tantanian
Web: http://lasislas2011.blogspot.com/
TEATRO PRESIDENTE ALVEAR
Av.Corrientes 1659 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4373-4245 / 4374-9470
Web: http://www.complejoteatral.gob.ar
Entradas desde: $ 15,00 - Domingo - 19:30 hs - Hasta el 03/07/2011
Entradas desde: $ 10,00 - Miércoles - 20:00 hs - Hasta el 03/07/2011
Entradas desde: $ 15,00 - Jueves, Viernes y Sábado - 20:00 hs - Hasta el 03/07/2011
El rey ha muerto

La anécdota es sencilla: el rey (Julián Lucero) está muriendo y no hay quién lo suceda, puesto que la princesa (Gabriela Biebel) aún permanece soltera. Es así como acuden al reino uno a uno los muchachos que quieren cortejar a la joven heredera, presa de los anhelos frustrados de una madre (Sara Calla) que la maneja de cerca. La agonía mantiene al rey en un vaivén permanente entre la realidad y la fantasía. La realidad, por un lado, junto a su fiel compañero, El Chelo (Malena Vieytes) y, al mismo tiempo, lejos de su familia; y la fantasía, por el otro, poblada de criaturas mágicas que parecen volar a su alrededor (Gina Peiretti, Sofía Divo Rey y Laura Sabán).
El espectáculo se vuelve todo el tiempo grotesco y obsceno, en la medida en que aquello que está en discusión desde el principio es la virginidad de la princesa, lista para ser arrebatada por el mejor postor. Es la reina quien mejor encarna el deseo reprimido (atado por años y años de matrimonio y, finalmente, puesto en libertad por el pronto deceso del rey), en un desborde clown del que su hija no puede evitar contagiarse. Finalmente, de los tres candidatos que se presentan, es el más inescrupuloso de todos el que resulta triunfador.
La corte, compuesta por la familia real y el asistente del rey, se acopla con el público inmediatamente que comienza el desfile de los candidatos. Esto, sumado a la labor del bufón que hace las veces de presentador (Martín Orchessi), convierte a la obra de teatro sobre la muerte del rey en la obra de teatro de los sujetos que se presentan, cada uno en un despliegue escénico diferente, desde el malabarista (Agustín "rompotodo" Librandi) al príncipe (Sergio Ballerini), pasando por el equilibrista y las malabaristas que pueblan el sueño del rey. Una noche en el castillo deviene así en un espectáculo integral, donde el protagonista verdadero es el escenario que reúne sobre sí todo tipo de talentos.
Ficha técnico artística
Actuan: Sergio Ballerini, Gabriela Biebel, Sara Calla, Julián Lucero, Martin Orchessi, Malena Vieytes
Acróbatas / Malabaristas: Sofia Divo Rey, Agustin Librandi, Gina Peiretti, Laura Saban
Músicos: Maximiliano Álvarez, Eduardo Baeza, Santiago Mazzanti, Matias Puntillo
Iluminación: Adrián Chicho Ruiz, Patricio Testolin
Diseño de maquillaje: Claudia Jimenez
Video: Lucila Bucari, Tomás Larrinaga
Arte: Matías Cremades
Web: http://www.unanocheenelcastillo.blogspot.com
TEATRO MANDRIL
Humberto Primo 2758
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4308-6253
Web: http://www.arcoyra.com.ar/
Bono contribución: $ 25,00 - Viernes - 23:30 hs - Hasta el 24/06/2011
Cada una de las cosas iguales

Al principio parece una película de terror: en el fondo de la habitación hay una hilera de colchones que uno presupone vacíos hasta que empiezan a moverse, avanzando como zoombies hasta llegar al espectador. Son nueve colchones, todos ellos con estampados diferentes de un lado, del otro lado son iguales. Luego se retiran y se desploman sobre el suelo de una sala carente de escenografía, donde sostienen al personaje que sobre él existe. Con esta situación se abre la primera escena, que transcurre entre sueños. Acostados con ropa sobre sus colchones, los personajes dejan que hable por ellos la voz de su inconsciente mediante monólogos oníricos. De sus discursos aflora lo políticamente incorrecto junto con la estupidez cotidiana de la cual uno no puede dejar de sentirse parte. La gringa, el xenófobo y el trabajador conservador, entre otros representantes de una clase media cosmopolita de treintañeros. Son hijos huérfanos, engendrados por padres y políticos que los han dejado como huella de su proyecto creador.
Como escribió el poeta francés Charles Baudelaire “La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama”. Y en efecto, los personajes no duermen un sueño tranquilo. Se mueven incómodos y, mientras sudan pesadillas, van rotando de colchón. Con el cambio también se modifica su protagonismo en escena. Todos acostados, casi no dialogan ente sí porque lo que se exhibe es el mundo íntimo y secreto de cada uno. En sus palabras suenan ecos de otras voces. En un momento, uno de los personajes exclama el ya legendario verso del poeta argentino Alejandro Rubio: "Me recontracago en la rechota democracia". Otras voces, más o menos conocidas, irrumpen en sus palabras, enredándose en su lengua pastosa de tanto dormir. En cierta medida, ellos no hablan sino que son hablados por otros. Sudorosos, enfermos, los personajes cambian de lugar hasta exhibir cada una de las cosas iguales que habita en la diferencia, y viceversa.
No se trata de colchones flotando a la deriva: de a poco los lazos entre uno y otro se hacen evidentes. La ideología es el hilo que une sus proyecciones individualistas con el lazo indestructible y coyuntural de la realidad. Hilvana las tramas de sus deseos. “Estamos tejidos de idéntica tela que los sueños y nuestra corta vida se cierra con un sueño” escribió Shakespeare en La Tempestad. Así, soñándose a sí mismos, los personajes van soñando un país.
El sueño de la joven clase media engendra los monstruos del poder: una clase dirigente que habla en público pero, literalmente, no da la cara. La segunda escena se abre con la entrada de un grupo de poderosos que en vez de cabeza tienen cajas de cartón con agujeros. Todos tienen la misma caja: son anónimos e iguales entre sí, como si fueran todos ellos una misma cosa. El motivo que los une es hacer el monumento al colchón caído. Con este acto pretenden ganarse al pueblo honrando, cual sinécdoque de este, al soporte de sus sueños. O a lo mejor sugieren que el pueblo debe seguir dormido, mientras ellos toman las decisiones y cantan: “¡Sean eternos los colchones que supimos conseguir!”.
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Actores: Andrés Rossi, Sol Fernández López, Mariano Sayavedra, Julia Martínez Rubio, Gabi Saidón, Luciana Mastromauro, Andrea Nussembaum, Leonel Elizondo y Luciano Kaczer
Iluminación: Adrián Grimozzi
Escenografía y vestuario: Rodrigo González Garillo
Realización de fundas: Patricio Delgado
Asesoramiento en movimiento: Luciana Acuña
Fotografía: Nadia Mastromauro
Prensa: Claudia Mac Auliffe
Asistencia de dirección: Lourdes Pingeon
Colaboración artística: María Villar
Dramaturgia y dirección: Alberto Ajaka
Funciones: Lunes 21 hs. / Viernes 22 hs.
SALA ESCALADA
Remedios de Escalada de San Martín 332, Villa Crespo
Entrada $ 30 (Est. y jub. $ 20)
Reservas: 4856 - 0277 o salaescalada@yahoo.com.ar
El crepúsculo de los dioses

x Martín Villagarcía
Las estrellas nunca mueren es una adaptación teatral del famoso thriller cinematográfico ¿Qué paso con Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962). Flor (Eusebio Poncela) y Elvira (Humberto Tortonese) son las hermanas Del Río, estrellas infanto-juveniles de antaño que se encuentran en la ruina, tanto en lo personal como en lo monetario. Estando una paralítica (Flor) y la otra completamente desquiciada (Elvira), no pueden sino hacerse las vidas imposibles; Flor a Elvira por su belleza y su éxito, Elvira a Flor por el modo en que la tiene sometida.
El tiempo es el problema principal que plantea la obra. Las dos protagonistas están plenamente atravesadas (de muerte) por el paso del tiempo y todo el discurso es en pasado: todo ya fue, ya pasó y en el presente no queda nada más que la ruina en que se convirtieron mutuamente. En este mismo sentido, el otro problema del que ambas hermanas están afectadas es el de lo imaginario. Una vez convertidas en freaks, no les queda otra salida más que el encierro en la vieja mansión, mirando sus antiguos éxitos (esas diapositivas congeladas en el tiempo) uno atrás del otro, para luego espantarse de lo que quedó. Si bien la obra está interpretada en clave cómica, el motivo es más bien dramático. Esto crea un efecto desconcertante hacia el final, de la misma manera que ocurría en la adaptación de Tortonese de La voz humana de Jean Cocteau.
A mediados de los años 90 ya hubo un antecedente de Las estrellas nunca mueren que fue Las sangrientas hijas del Dr. Lecter, una obra teatral de culto escrita, dirigida y protagonizada por la dupla que formaban Peter Pank y Gaby Berardi en el mítico teatro Bululú. Ellos ya habían hecho la lectura en clave cómica de ¿Qué pasó con Baby Jane? y ya la habían convertido en un objeto camp y bizarro a la máxima potencia, con sangre y extremidades corporales desmembradas incluidas. Las estrellas nunca mueren no se termina de jugar del todo en ese aspecto; si bien incluye elementos de lo bizarro y Tortonese compone un personaje que raya siempre con la Joan Crawford de Faye Dunaway en Mamita querida (Frank Perry, 1981), todo parece estar rebajado para una acogida masiva.
La obra no sólo reúne a dos actuales leyendas de la movida de los años 80 (Eusebio Poncela por de la movida madrileña y Humberto Tortonese por el Parakultural), sino que pone en práctica sus mismos recursos. 20 años después ya no hay nada nuevo para ver.
Ficha técnico artística
Autoría: Facundo Fuentes De La Oca, Eusebio Poncela
Actúan: Loren Acuña, Sergio Pángaro, Eusebio Poncela, Cristina Talio, Humberto Tortonese
Vestuario: Adriana Cavicchia
Escenografía: Ariel Villarreal
Diseño de vestuario: Cecilia Del Puerto
Música: Sergio Pángaro
Fotografía: Facundo Fuentes De La Oca, Marcelo Tarsitano
Producción ejecutiva: Rubén A. Garcia
Producción: Maria del Valle Ferrazza, Carola Gamundi
Producción general: Nestor Calvi, Sergio Llabrés, Guido Naya
Jefe de escenario: Florencia González
Dirección: Facundo Fuentes De La Oca, Eusebio Poncela, Humberto Tortonese
PASEO LA PLAZA
Av Corrientes 1660
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 6320-5350
Web: http://www.paseolaplaza.com.ar
Entradas desde: $ 90,00 - Domingo y Jueves - 20:45 hs
Entradas desde: $ 90,00 - Viernes - 21:30 hs
Entradas desde: $ 90,00 - Sábado - 20:00 hs y 22:00 hs
Relámpagos de lo invisible

La Tempestad de William Shakespeare. Dirigida por Gabriela Biebel y Andrés Sahade
La historia es esencialmente la misma que todos conocemos. Próspero (Javier Nichela), exiliado por la fuerza de Milán junto a su hija Miranda (Tamara Cuesta), queda junto a ella a la deriva de la civilización en una isla remota. Desde allí conjura la tempestad que trae a sus nuevos dominios el barco cuya tripulación consiste en Renata (Lara Castro), la reina de Nápoles; su hijo, Fernando (Gonzalo Amor); Benedicta, su hermana (Camila Cruz); su bufón, Urania (Mercedes Najman); su cocinera, Aurelia (Sara Calla); y, por último, Úrsula (Mora Montemurro), la hermana traidora de Próspero. A partir de entonces, se sucede toda una serie de enredos que produce el choque entre dos mundos y, esencialmente, dos formas de vida muy distintas.
La tempestad se abre con una inmersión en la oscuridad total de la sala, interrumpida brevemente por destellos de luz que otorgan momentáneamente la voz a los diferentes personajes para sentar precedentes sobre sí mismos. La vuelta a la luz produce el efecto de la caída en el sueño, no sólo del espectador, sino de los mismos personajes que naufragan. De la misma manera que Alicia en el país de las maravillas o los hermanos Darling de Peter Pan en el país de Nunca Jamás, se internan en una tierra desconocida habitada por criaturas fantásticas.
La estética de la obra remite a los musicales de Hollywood de principios del siglo XX, puestos en práctica, además, por cada una de las canciones interpretadas. Por otro lado, el maquillaje y el vestuario responden al arte del cine expresionista. Aurelia (Sara Calla), la cocinera, es quien mejor sostiene este rasgo, acentuado por una interpretación absolutamente clownesca de su personaje, de la misma manera que Calibán (interpretado por Andrés Shade) ofrece la interpretación más grotesca y monstruosa, acorde a su personaje, el esclavo de la isla.
La relectura que hacen Sahade y Biebel en su adaptación de La tempestad pone el acento en elementos que la obra original conserva como alegóricos. La isla a la que todos van a parar no es otra cosa que América, las Indias, y lo que se pone en escena es su descubrimiento, conquista y subsiguiente sistema de colonialismo, especialmente en la domesticación de los habitantes de la isla, como Fortunata (Gabriela Goldenberg) y sus secuaces (Soledad Cardigni y Anita Conde). Por último, la mirada torcida con la que se encara el proyecto hace del sexo el horizonte de todos los personajes, especialmente del triángulo que forman Miranda, Fernando y Calibán.
Ficha técnico artística
Autoría: William Shakespeare
Adaptación: Andrés Sahade
Traducción: Marcelo Cohen, Graciela Speranza
Actuan: Gonzalo Amor, Sara Calla, Soledad Cardigni, Laura Castro, Anita Conde, Camila Cruz, Tamara Cuesta, Gabriela Goldenberg, Mora Montemurro, Mercedes Najman, Javier Nichela, Andrés Sahade
Vestuario: Tamara Cuesta
Escenografía: Camila Cruz
Maquillaje: Lisandro Outeda
Diseño de luces: Paula Fraga
Música original: Gabriela Goldenberg
Operación de luces: Sebastián Francia
Operación de sonido: Cristian Dietz
Fotografía: Sergio Ballarini
Entrenamiento en danza: Lucía Pochat
Coordinación de producción: Anita Conde, Mora Montemurro
Supervisión: Daniel Casablanca
Dirección: Gabriela Biebel, Andrés Sahade
CENTRO CULTURAL RICARDO ROJAS
Av. Corrientes 2038
Teléfonos: 4954-5521 / 4954-5523 / 4954-5524
Web: http://www.rojas.uba.ar
Entrada: $ 20,00 - Jueves - 21:00 hs - 31/03/2011
Una burguesía para la nación

Ala de criados. Escrita y dirigida por Mauricio Kartún.
Tatana (Laura López Moyano) y sus primos Pancho (Rodrigo González Garillo) y Emilito (Esteban Bigliardi), provenientes de una familia pudiente y burguesa de la clase alta argentina, se encuentran de vacaciones en la playa marplatense, ajenos a la revuelta en un club de tiro, donde despliegan en todo su esplendor el aburrimiento de la aristocracia, que apenas los deja levantarse del cansancio que les produce hacer nada. Esto es así hasta que llega el cuarto en discordia, Pedro (Alberto Ajaka), un empleado del club que se define por su diferencia. No tiene ni los modales, ni el vocabulario, ni las costumbres, ni la moral de los primos Guerra. Esta completa otredad no hace sino seducir a los tres, que encuentran en él un amante y, al mismo tiempo, la vía para rendir tributo al Tata (el abuelo, el pater familias del clan Guerra), haciendo patria y matando bolcheviques, en un arrebato digno de Alex DeLarge y sus drugos en La naranja mecánica.
Cada escena de la obra coincide con un momento de vida registrado por Tatana en su diario, puesto que Ala de criados está tejida por el racconto que ella misma hace de aquellos días que quedaron en el pasado (efecto subrayado por los pasajes musicales, que se escuchan como si provinieran de un lugar muy lejano, en el espacio y en el tiempo). Su discurso, plagado de gestos y alusiones literarias, remite inmediatamente a familias como los Ocampo, padrinos de la cultura de la clase alta argentina de principios del siglo XX. Además, la niña Tatana, al igual que la joven Victoria, también es una inadaptada que se rebela de su posición de mujer educada y sumisa, en pos de experimentar por fuera de su jaula de oro con actividades más tradicionalmente masculinas y convertirse en escritora.
Ala de criados es una muestra en miniatura del siglo XX argentino, inaugurado y clausurado por la irrupción de la violencia. Por un lado, se trata de una instantánea de los últimos tiempos del esplendor de la oligarquía argentina, en la medida en que Mar del Plata todavía conserva en la obra su estatus de sitio de retiro vacacional por excelencia de la alta burguesía, espacio que se pierde drásticamente luego del ascenso del Peronismo. Por otro lado, la semana trágica y la xenofobia que acarrea (sumada al antisemitismo) funcionan como alegorías de los desastres por venir y de una lucha de clases que recién comenzaba. El personaje de Pedro prefigura al reventado, aquel que no se identifica con ningún estrato o clase social, sino que más bien se inclina hacia el que más le conviene dependiendo de las circunstancias. Por último, los métodos de asesinato utilizados para deshacerse de los indeseables adelantan los modos de desaparición del último gobierno militar.
Ficha técnico artística
Autoría: Mauricio Kartun
Actuan: Alberto Ajaka, Esteban Bigliardi, Rodrigo González Garillo, Laura López Moyano
Vestuario: Gabriela A. Fernández
Escenografía: Graciela Galán
Iluminación: Alejandro Le Roux
Diseño sonoro: Guillermo Juhasz
Fotografía: Malena Figo, María Luz García
Asistencia de escenografía: Valeria Cook
Asistencia de vestuario: Julia Kovadloff
Asistencia técnica: Alan Darling
Asistencia de dirección: Gabriela A. Fernández
Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
Diseño de movimientos: Luciana Acuña
Dirección: Mauricio Kartun
TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Reservas: 4326-3606
Web: http://www.teatrodelpueblo.org.ar
Entrada: $ 50,00 - Domingo - 20:00 hs
Entrada: $ 50,00 - Viernes y Sábado - 21:00 hs





